Batalla épica contra un mosquito.

One way mosquitoTengo sangre dulce o algo irresistible para los mosquitos. Llevo dos noches enteras de calor insoportable siendo atacada sin compasión por un mosquito, uno sólo. Revolotea por mi habitación, en cuanto apago la luz escucho su zumbido en mi oreja, pero en cuanto enciendo la luz desaparece y no se deja ver.
El pequeño demonio alado ha succionado mis manos y mis piernas dejándome granitos rojos que pican mucho. Y ahora ya ¡me pica todo!
Anoche tuvo, de nuevo, el atrevimiento de volar sobre mi oreja mientras dormía y su molesto zumbido me despertó a las cinco de la mañana.
Decidí acabar con él de una vez por todas.
Probé con mis manos y se escapaba, con mi almohada y se burlaba de mí, así que decidí recurrir a la artillería pesada: el enchufe contra los mosquitos. Infalible.
Pero en cuanto apagué la luz, de nuevo escuché el zumbido del alado maldito.
Entonces ya sólo me quedaba: el spray radioactivo.
Eché lo que pensé que era un poco de ese pestilente producto (que esté “perfumado” no significa nada, apesta), pero al meterme en la cama de nuevo y extenderse el olor no pude respirar normalmente. ¡El olor a insecticida era insoportable! Pero el maldito cabrón había muerto o desaparecido en combate.
Abrí la ventana, aun a riesgo de que entrara algún alado más, y el olor se fue poco a poco. Pero tras una hora de batalla épica estaba amaneciendo y no me pude volver a dormir, pero el alado era historia y reí con maldad absoluta.

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